La IA en las fundaciones ya está presente en la gestión de becas y la comunicación de proyectos, que generan una cantidad de datos y testimonios ingente. El riesgo es que la comunicación institucional se vuelva fría y genérica.
La IA en las fundaciones: escuchar mejor, no escribir por ti
En las fundaciones, la gestión de becas y la comunicación de proyectos sociales generan una cantidad de datos y testimonios enorme. El riesgo es que, con tanto volumen, la comunicación institucional se vuelva fría o genérica y pierda de vista a las personas que hay detrás de cada formulario.
El consejo de fondo está claro: utilizar la IA generativa no para escribir en tu sitio, sino para escuchar mejor a las personas participantes. Mediante el análisis de contenidos y la categorización de relatos, se pueden identificar necesidades no cubiertas que a menudo quedan ocultas entre cientos de respuestas. La herramienta ordena el material; el sentido lo sigue poniendo el equipo.
La IA con criterio pide una gobernanza clara: la tecnología analiza, pero el patronato y el equipo de comunicación deciden el tono y el legado, como recuerda desde hace años Beth Kanter . No conviene dejar que un algoritmo defina la filantropía estratégica de una entidad; conviene utilizarlo para entender con mayor precisión qué necesitan las personas a las que se acompaña.
De la gestión de datos a la comunicación de impacto
El salto útil es pasar de la gestión de datos a la comunicación de impacto sostenible, donde la tecnología es el puente y no el destino. Una fundación que automatiza para estar más presente, y no para alejarse, utiliza bien la herramienta.
El volumen es, paradójicamente, el que puede alejar a una fundación de las personas que acompaña. Cientos de formularios y memorias acaban mirándose como datos a procesar, y el relato institucional se vuelve frío sin que nadie lo haya decidido. Utilizar la IA para leer este material buscando necesidades no cubiertas, en cambio, es una forma de volver a poner a las personas en el centro.
La condición es que la gobernanza quede clara: la herramienta analiza, pero el patronato y el equipo deciden el tono y legado. Una fundación que deja que el algoritmo defina su filantropía confunde medio y fin. Una que lo utiliza para entender mejor qué necesita la gente, con la decisión siempre en manos humanas, utiliza bien la herramienta.
La pregunta que vale la pena hacerse antes de incorporar la IA a las fundaciones: ¿sirve para ahorrar tiempo, o para profundizar en la escucha de quien acompañamos? Ambas cosas son posibles, pero sólo si se decide a propósito.
✳ Este artículo se ha elaborado con apoyo de IA generativa. Revisión y responsabilidad editorial: Enric Guinart Mauri. Más información →