Muchas entidades tienen firmado un papel que autoriza el uso de imágenes e historias, y se quedan tranquilas. El consentimiento real, sin embargo, empieza donde acaba la firma.
El consentimiento: firmar no es lo mismo que decidir
Un formulario de cesión de derechos de imagen resuelve una cuestión legal, pero no la relacional. Una persona puede firmar un papel en un momento de necesidad, sin entender del todo dónde aparecerá su imagen, durante cuánto tiempo ni en qué contextos. Ese consentimiento es válido ante un juez y, aun así, insuficiente ante el criterio de una organización que trabaja con dignidad.
El consentimiento como práctica viva significa que la persona sabe, en cada momento, qué se explicará de ella y puede cambiar de opinión. Significa enseñarle la pieza antes de publicarla, no después. Significa explicarle que una campaña puede circular años por internet y que su situación de hoy quizá no sea la de mañana. Y significa aceptar que diga que no sin que eso afecte al servicio que recibe.
Esta manera de hacer las cosas parece más lenta, y lo es. Pero evita el peor escenario, que es descubrir que una persona se siente expuesta, ridiculizada o traicionada por una pieza que la entidad publicó con la mejor intención. Cuando eso pasa, el daño ya está hecho, y ningún formulario lo repara.
Hay una prueba sencilla para saber si el consentimiento es real: si la persona protagonista pudiera ver la pieza terminada antes de salir, ¿la publicaríamos igual? Si preferimos que no la vea, el problema no es la prenda. Es que sabemos que no estaría de acuerdo y hemos decidido no preguntárselo.
Convertir su consentimiento en hábito de trabajo
Convertir su consentimiento en práctica no requiere grandes recursos, sino incorporarlo al flujo de trabajo: un paso más antes de publicar, una conversación más, una decisión compartida. En entidades que trabajen con infancia, salud o situaciones de vulnerabilidad, este paso debería ser tan innegociable como cualquier requisito técnico.
La firma protege a la organización; la práctica protege a la persona. ¿Tu entidad tiene claro cuál de las dos cosas está cuidando cuando pide un consentimiento?
✳ Este artículo se ha elaborado con apoyo de IA generativa. Revisión y responsabilidad editorial: Enric Guinart Mauri. Más información →