El derecho a la propia imagen de una persona en situación de vulnerabilidad no es un recurso gráfico disponible. Es una decisión que afecta a su dignidad mucho después de que la cámara se haya apagado.
La cámara también toma decisiones
Cuando una entidad fotografía o filma a las personas que acompaña, no hace solo una elección estética. Decide cómo las verá el mundo: si como sujetos con historia y futuro, o como ilustración de un problema. El ángulo, la luz, el encuadre y el pie de foto no son detalles técnicos; son lo que convierte a una persona en protagonista o en decorado de su propia vida.
Hay algunas preguntas que ayudan a decidir bien antes de disparar. ¿La persona aparece haciendo algo, o solo sufriendo? ¿Se reconocería con dignidad si se viera? ¿La imagen muestra su situación sin reducirla a ella? Y, sobre todo: ¿la usaríamos igual si se tratara de alguien de nuestro entorno?
Esta última pregunta suele ser la más reveladora. Muchas imágenes que el sector ha normalizado, como por ejemplo una cara de tristeza en primer plano, un cuerpo infantil descontextualizado o unas manos que reciben, nunca las aceptaríamos para nosotros mismos ni para nuestra familia. Que las usemos para personas de otros contextos dice más de nuestra mirada que de su situación.
Fotografiar la propia imagen con dignidad
Fotografiar con dignidad no significa esconder la realidad ni maquillar la dureza. Significa mostrarla sin humillar a nadie. Una persona puede aparecer en un momento difícil y, aun así, ser retratada como alguien con agencia, con entorno y con mirada propia. La diferencia no es la dureza de lo que se muestra, sino el lugar que ocupa quien aparece.
Esta manera de trabajar tiene un coste práctico: pide tiempo, conversación con quien se retrata y renunciar a algunas imágenes impactantes. Pero protege a la vez a la persona y la credibilidad de la entidad, que es quien tendrá que responder si alguien se siente expuesto.
Cada imagen que publica una organización deja una huella que la persona retratada no controla. Respetar la propia imagen va más allá del trámite legal de los derechos de imagen: es una manera de trabajar. Antes de la próxima campaña, vale la pena preguntarse: ¿esta persona podría mirar esta foto dentro de diez años y sentirse bien tratada?
✳ Este artículo se ha elaborado con apoyo de IA generativa. Revisión y responsabilidad editorial: Enric Guinart Mauri. Más información →