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Cuando etiquetar la IA no es suficiente: el reto editorial de las ONG

Para las ONG, etiquetar el contenido con IA no resuelve el reto editorial del AI Act. La transparencia comienza en la decisión, no en el icono.

La Comisión Europea ha publicado el código de práctica sobre transparencia y un juego de iconos para identificar el contenido generado con IA. Para el tercer sector, el importante detalle no es gráfico.

El artículo 50 y el contenido generado con IA en la comunicación diaria

La nueva pregunta para las ONG no es si es necesario etiquetar el contenido generado con IA. Es cuando una etiqueta dice lo suficiente y cuando sólo tapa una decisión que no se ha gobernado bien. La Comisión Europea acaba de publicar el código de práctica sobre transparencia del contenido generado con IA y un conjunto de iconos para identificar contenidos generados o modificados.

El detalle relevante para el sector no es gráfico. El artículo 50 de la AI Act será de aplicación el 2 de agosto de 2026 y afecta especialmente a los deepfakes y los textos sobre asuntos de interés público cuando no existe revisión humana ni responsabilidad editorial asumida. Para una entidad social, esto baja de inmediato a la comunicación de cada día: imágenes de campaña, testimonios recreados, resúmenes automatizados, piezas de sensibilización o materiales educativos.

Una buena pauta no debería empezar preguntando qué icono ponemos. Debería empezar antes, con preguntas más básicas. ¿Qué parte del contenido ha creado o modificado la IA? ¿Existen personas, colectivos o situaciones vulnerables representadas? ¿El público podría interpretarlo como evidencia real? ¿Quién ha revisado su contenido y quién asume su responsabilidad? ¿Dónde queda registrado ese uso para poder explicarlo después?

Cuando la etiqueta no es suficiente: criterios editoriales para ONG

Las etiquetas pueden ayudar a preservar la confianza, pero no sustituyen al criterio. Y el criterio, en comunicación social, no es sólo legal: es relacional. Afecta a la dignidad de las personas representadas, la credibilidad de la organización y la capacidad de no confundir sensibilización con simulación.

El caso de los testigos recreados ilustra bien por qué el icono no resuelve nada. Una entidad que ilustra una campaña con una imagen generada de una persona que se asemeja a las que acompaña puede poner la etiqueta correspondiente y, sin embargo, estar haciendo un trabajo narrativo dudoso: sugerir una realidad que no existe para mover una emoción. La etiqueta cumple la norma; no resuelve la pregunta ética.

La transparencia comienza en la decisión, no en el icono

Convertir la transparencia en práctica editorial significa, pues, decidir antes qué nunca se automatiza. Hay contenidos, como la cara de una persona en situación de vulnerabilidad o un testimonio que se presenta como real, donde el atajo no compensa, por muy bien etiquetada que vaya.

El reto del 2026 es convertir la transparencia en una práctica editorial: un inventario breve de usos, criterios para imágenes y textos, revisión humana proporcional y una decisión clara sobre lo que no se automatiza. ¿Cuál de estas piezas tienes definida y cuál todavía depende de la improvisación? Si quieres profundizar en la cuestión de la transparencia, lee La pregunta para las ONG sobre la transparencia en el uso de la IA .

✳ Este artículo se ha elaborado con apoyo de IA generativa. Revisión y responsabilidad editorial: Enric Guinart Mauri. Más información →

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