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Brecha digital de la IA: claves para el tercer sector social

El informe de UGT sobre la brecha digital de la IA muestra quién queda fuera. Cinco puntos que las entidades del tercer sector social deben tener en cuenta.
Ilustración: a la izquierda, puntos dispersos con pocas conexiones; a la derecha, una red densa de nodos conectados. Cuatro arcos naranja atraviesan la brecha central y unen ambos lados.

El 3 de septiembre de 2026, el Servicio de Estudios de UGT publicó el informe Brecha Digital e Inteligencia Artificial: La nueva inequidad . Es el primer estudio que analiza la brecha digital de la IA desde una mirada sociolaboral. El primer dato ya rompe el relato habitual: más de 23 millones de personas en el Estado nunca utilizan la inteligencia artificial. Son más de 60% de la población.

Si lo leemos desde una entidad social, el informe dibuja un perfil conocido. Las personas que quedan fuera de la IA son, en buena parte, las mismas que las entidades acompañan a diario.

Quien queda fuera de la IA, según los datos

El estudio trabaja sobre todo con la encuesta TIC-H 2025 del INE. A partir de estos microdatos, UGT describe quién utiliza la IA generativa y quién no. Las mayores diferencias dependen de la posición social de cada persona.

  • Edad. La utiliza el 75,6% de las personas de 16 a 24 años. Entre 65 y 74 años sólo el 7,4%.
  • Estudios. Con estudios de máster, su uso alcanza el 56,1%. Sin estudios primarios completados, desciende al 5,6%.
  • Renta. En los hogares con menos de 1.400 euros netos al mes, su uso es del 31,2%. Por encima de 4.400 euros, asciende al 50,9%.
  • Situación laboral. La utilizan el 43% de las personas ocupadas y el 30% de los paros. Entre las pensionistas, el 8,3%.
  • Trabajos manuales. Sólo el 24% de quien realiza un trabajo manual utiliza la IA.
  • Nacionalidad. La población extranjera tiene 6,4 puntos menos de acceso que la nacionalidad española.

Además, el 55,5% de las personas que no utilizan la IA son mujeres. La edad media de este grupo es de 56 años. Cataluña, en cambio, encabeza el uso por comunidades, con casi un 45%. Por tanto, la media catalana puede esconder desigualdades internas muy fuertes.

Por qué la brecha digital de la IA interpela al tercer sector

El informe pregunta también por qué la gente no utiliza la IA. Las respuestas son estas:

  • El 67,1% dice que no ha necesitado.
  • El 43,8% ve riesgos de privacidad o de seguridad.
  • El 43,4% no sabe cómo utilizarla.
  • El 24,7% no sabía que existía.

UGT calcula que al menos cinco millones y medio de personas no saben lo que es la IA. Sin embargo, el 94% de la población tiene un smartphone. El acceso al dispositivo ya no explica la brecha. Lo que pesa es la formación, la utilidad percibida y el entorno de trabajo.

Aquí el tercer sector social tiene un papel claro. Muchas entidades ya realizan alfabetización digital, por ejemplo a través de los puntos de la Red Omnia . La brecha digital de la IA es la nueva capa de un trabajo que el sector hace desde hace años.

Cinco puntos que las entidades deben tener en cuenta

1. Las personas atendidas coinciden con el perfil de quien queda fuera

Entre las personas sin estudios primarios que no usan la IA, el 58,9% dice que no sabe cómo utilizarla. Además, un 43,8% no sabía que existía. En el caso de contratos temporales, el 48,4% no sabe utilizarla, diez puntos más que con contrato indefinido.

Estas cifras afectan al acceso a derechos. Cada vez más trámites, citas y ayudas pasan por asistentes automatizados. Por eso, una entidad que acompaña a personas en la búsqueda de empleo o en un trámite social debe saber dónde comienza esta exclusión.

2. Empezar por la utilidad, no por la herramienta

Siete de cada diez personas no usuarias dicen que no la necesitan. Incluso entre las personas con doctorado, el 75,9% da esta respuesta. Un taller genérico sobre «qué es ChatGPT» difícilmente lo cambiará.

En cambio, funciona a partir de las tareas reales de cada persona: preparar una entrevista, entender una carta de la administración o traducir un documento. Primero es necesaria la pregunta concreta. La herramienta llega después.

3. La prudencia con los datos es un criterio

Casi la mitad de las personas no usuarias menciona la privacidad y la seguridad. El ONTSI detecta, además, que más de un 20% de internautas que no utilizan la IA están en contra.

Esta desconfianza es un criterio razonable, sobre todo cuando se trata de datos de salud, situación administrativa o servicios sociales. La formación debe incluir qué datos nunca se introducen en una herramienta de IA y por qué.

4. Los equipos de las entidades pequeñas también quedan atrás

El informe habla también de las organizaciones. Sólo el 13,4% de las empresas de menos de diez personas tiene IA en funcionamiento. Además, sólo 3 de cada 100 ofrecieron formación TIC en la plantilla en 2024.

Muchas entidades sociales trabajan con equipos de este tamaño. A menudo, el personal técnico utiliza la IA por su cuenta, sin criterios compartidos ni formación. Por tanto, la brecha también es interna. Una política de uso de la IA y horas de formación en la jornada son el primer paso.

5. Mantener canales sin IA es una garantía de derechos

Si más de la mitad de la población no utiliza la IA, ningún servicio básico debería depender sólo de ella. Las entidades pueden defenderlo ante las administraciones con datos en mano. Una persona debe poder realizar un trámite, pedir una cita o resolver una duda con otra persona.

Una objeción en el marco del informe

El informe tiene un enfoque de derechos y habla de la brecha como una injusticia. Sin embargo, en las conclusiones aparece la expresión «impermeabilidad tecnológica de estas personas». Esta fórmula sitúa el problema en las personas. Sin embargo, los datos del mismo estudio apuntan a la falta de formación, a la precariedad laboral ya la ausencia de estrategias en las empresas.

Para la comunicación del tercer sector, este matiz es importante. Cuando se explica la brecha digital de la IA, el sujeto debe ser el sistema que no forma ni integra. Las personas afectadas no son un grupo refractario, sino personas con derecho a formación continua.

Qué puede pedir el sector a las administraciones

UGT propone cuatro medidas: un observatorio estatal de la brecha digital, una campaña institucional, un plan nacional de calificación en IA y el derecho a la formación continua en la jornada laboral. El plan contempla líneas específicas para los colectivos en riesgo de exclusión.

Este último punto abre una puerta concreta a las entidades. Si el observatorio llega a crearse, el tercer sector social debería estar presente con los datos que ya recoge a pie de calle. Por otra parte, las líneas para colectivos específicos deberían contar con las entidades que ya realizan su trabajo en los territorios, no sólo con academias tecnológicas.

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Fuente: UGT, Servicio de Estudios de la Confederación. Brecha Digital e Inteligencia Artificial: La nueva inequidad , Estudios núm. 49, septiembre de 2026. Datos del INE (TIC-H 2025) y del ONTSI (2025). Nota de prensa de UGT .

✳ Este artículo se ha elaborado con apoyo de IA generativa. Revisión y responsabilidad editorial: Enric Guinart Mauri. Más información →

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