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La IA no pasa en la nube: pasa en algún sitio

La IA tiene una huella ambiental real. Centros de datos, redes eléctricas, territorios con estrés hídrico y residuos electrónicos a menudo quedan lejos de quien disfruta del servicio. Un reciente informe de la United Nations University obliga a hacernos una pregunta nueva. La proporcionalidad también es gobernanza La idea de que la IA pasa en ...

La IA tiene una huella ambiental real. Centros de datos, redes eléctricas, territorios con estrés hídrico y residuos electrónicos a menudo quedan lejos de quien disfruta del servicio. Un reciente informe de la United Nations University obliga a hacernos una pregunta nueva.

La proporcionalidad también es gobernanza

La idea de que la IA pasa en la nube esconde que ocurre en algún lugar concreto. Centros de datos, sistemas de refrigeración, territorios con estrés hídrico, cadenas de minerales y residuos electrónicos a menudo quedan lejos de quien disfruta su servicio. Un informe reciente de la United Nations University lo pone sobre la mesa. No es suficiente preguntar si una herramienta es útil, segura o barata. Cabe preguntar, además, qué coste ambiental y social desplaza.

Tres preguntas para medir la huella ambiental de la IA

Para las entidades con propósito, esto plantea tres preguntas prácticas. La primera: no todos los usos de IA tienen el mismo sentido. Utilizar un modelo grande, generar imágenes o producir vídeo por defecto puede tener una huella muy superior a una tarea sencilla e igualmente útil. La proporcionalidad también es gobernanza.

La segunda: la compra responsable debe incluir nuevas preguntas a los proveedores. ¿Dónde se ejecuta el servicio? ¿Con qué información ambiental verificable? ¿Con qué criterios de eficiencia, ubicación y ciclo de vida? Son preguntas que hoy raramente se realizan en una contratación, y que pronto serán parte de la diligencia mínima.

La tercera: la huella ambiental de la IA no puede reducirse a carbono. El agua, el suelo, los minerales, los residuos y el impacto sobre comunidades concretas también forman parte de la responsabilidad. Una entidad que trabaja por la justicia social no puede mirar esa cara del problema como un detalle técnico.

De la teoría a la práctica: coherencia entre misión y acción

La proporcionalidad puede aplicarse de forma muy concreta. No es necesario el mismo modelo para realizar un borrador de un acta que para generar decenas de imágenes para una campaña. Elegir la opción más ligera cuando realiza el mismo trabajo no es una renuncia tecnológica: es coherencia. Una entidad que defiende la justicia ambiental en su misión no puede contradecirla con su práctica interna.

Incorporar estas preguntas en la compra (donde se ejecuta el servicio, con qué información ambiental, con qué ciclo de vida) parece un detalle técnico. Pero en breve será parte de la diligencia mínima. Y posiciona a la organización como una compradora que pide coherencia, no sólo precio.

Esto no es un argumento contra la IA, sino contra una adopción acrítica que presenta como inmaterial lo que tiene consecuencias materiales. Estas consecuencias incluyen, por ejemplo, una huella ambiental que puede medirse. ¿Qué impacto estás dispuesto a asumir, demostrar y gobernar antes de escalar el próximo uso?

✳ Este artículo se ha elaborado con apoyo de IA generativa. Revisión y responsabilidad editorial: Enric Guinart Mauri. Más información →

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